Feminismo, ¿para quién? Subjetividad, ficción y disidencia

Si la condición de existencia de algunas personas depende de su sometimiento a una norma, la subjetividad no es un asunto privado sino una actividad política. En Un apartamento en Urano: Crónicas del cruce, el filósofo trans Paul B. Preciado nos habla del espacio que se encuentra fuera de dicha norma, un teatro disidente cuyos actores performan sin guión y alejados de un modelo hegemónico que les excluye.

Tal vez uno de los debates que más se repite en los espacios feministas actuales, a pesar de tener su raíz en etapas anteriores del movimiento, es la definición de su sujeto político, a saber, en favor de quién habla y hacia quién va dirigido (o, lo que es lo mismo, cuál es el punto en común que deben compartir las personas que forman parte de él). Este debate se ve inevitablemente ligado a la cuestión de la intersección de las diferentes luchas de los colectivos oprimidos: de qué manera se entrecruzan las identidades sociales relacionadas con las categorías de sexo-género, orientación sexual, clase, etnia, religión, nacionalidad, (dis)capacidad… y sus respectivos sistemas de opresión. La definición de este sujeto político, por tanto, pasa por la cuestión más general-filosófica de la subjetivación (el proceso mediante el cual se constituye un individuo) y de la subjetividad (la forma en que dicho individuo se define o es definido a posteriori). La tesis de Preciado, que presenta en este recopilatorio de sus  artículos publicados en la revista Libération, es que existe una norma que interviene en el proceso de subjetivación y, consecuentemente, en la subjetividad.

Esta norma (racial, sexual, de género, de clase) dictaría aquello que entra en la normalidad y aquello que, al contrario, no tiene cabida en ella. Se trata de una norma naturalizada (y, por ende, protegida) que garantiza un orden e interfiere, nos dice, en la creación de las subjetividades. Asimismo, dado que opera como un garante ontológico, divide aquellos individuos enmarcados en la realidad que delimita, de aquellos que no lo están, impulsando la exclusión de los segundos. Así, a través de un aparato social y legal, esta norma concede el derecho a discriminar cualquier forma de disidencia: le otorga sentido a una ficción a la par que tolera y consiente el castigo de las personas que no creen en ella. 

La norma es masculina, blanca, heterosexual, cisgénero… pero sobre todo ficticia. Cuando Preciado habla de ficciones (por ejemplo de la ficción del género o de la norma como ficción) a lo que apunta es a las construcciones políticas que se hacen pasar por categorías empíricas: es decir, categorías que en lugar de responder a una realidad determinada, la definen (y, consecuentemente, delimitan) según sus propios criterios. Estas ficciones políticas sobreviven gracias a un discurso hegemónico (patriarcal, colonialista etc.) que es perpetuado. De esta forma, se naturaliza una estructura conformada por relaciones de poder en la cual cada sujeto ocupa una posición determinada y condicionada por su relación con los demás. Por ejemplo, la distinción bio-médica entre sexo masculino y sexo femenino, nos dice Preciado, es una ficción relativamente reciente: no aparece hasta el siglo XVI y es entonces cuando se utiliza como justificación de una práctica que se sigue realizando a día de hoy, a saber, la mutilación de los genitales de los recién nacidos cuyos aparatos no encajan en los estándares diseñados por los médicos y que son considerados “intersexuales”. De la misma manera, cuando se habla de la discapacidad mental o física en términos de una condición que obstaculiza a quien la padece (apelando a su supuesta minoritariedad) y no de lo que algunos activistas han denominado “diversidad funcional”, lo que se está haciendo es, de nuevo, apuntar a un fenómeno no por lo que es sino por su posición respecto a la norma. Ésta nos dice: no existe una pluralidad de cuerpos, sino que existe el cuerpo, su función… y el resto. Si no entra en la norma, entonces no es. Esto es aplicable a una amplia variedad de realidades y características consideradas disidentes.

La subjetivación, sin embargo, es un proceso múltiple, constante y fluido. El individuo no nace siendo, sino que se hace mientras existe, y existe mientras se hace. Las identidades se crean en un movimiento perpetuo: se atan y desatan, entrecruzan y separan… Lo que hace la norma no es dar cuenta de este proceso vital sino, precisamente, acabar con él: la subjetividad, en palabras de Preciado, “no es sino la cicatriz que deja el corte en la multiplicidad de lo que habríamos podido ser”. Así, “la fuerza del performativo resulta de la imposición violenta de una norma a la que hemos preferido llamar naturaleza para evitar confrontarnos con la reorganización de las relaciones sociales de poder que un cambio de convenciones implicaría”. La norma lanza “enunciados de identidad performativos que se hacen pasar por constatativos […] palabras que producen lo que pretenden describir”.

Lo que está en juego aquí es el llamado derecho a la vida: el derecho de los individuos a la emancipación y el desarrollo, a la no discriminación, a la libertad, a la seguridad, a la dignidad, a la plenitud de las potencialidades, al bienestar físico, pero también mental, social y espiritual. La imposición de una norma que limita las posibilidades de identidad, expresión, integración y plenitud de los individuos excluye, discrimina y pone en situación de vulnerabilidad a las personas que no entren en ella y es, por tanto, inaceptable. Ir en contra de la norma no es sólamente ir en contra de aquello que ponga en peligro los derechos fundamentales que garantizan la supervivencia, sino cortar de raíz todo lo que pueda interferir en el derecho a la vida. 

¿Qué debe hacerse para ello? “Desidentificarse para reconstruir una subjetividad que el performativo dominante ha herido”. No se trata únicamente de apuntar a los errores del orden establecido, sino de reconocer que no hay sitio en él para ninguna forma de disidencia y que, consecuentemente, es necesario rechazarlo y reconstruir una existencia totalmente ajena a sus leyes. Preciado, desde la disidencia, nos dice “El precio de vuestra normalidad es nuestra muerte”: dado que la única opción que se nos presenta es existir en un espacio hegemónico según sus normas (es decir, no existir), nuestra propia vida es, necesariamente, la creadora de un espacio nuevo fuera de dichas normas. Somos “monstruos que por su propia presencia provocan una erosión de las jerarquías establecidas”, figuras políticas que ponen en cuestión el statu quo. Este espacio es, por tanto, un espacio ya existente creado por las subjetividades que han persistido y está abierto, garantiza Preciado, más allá de todo lo que se nos ha permitido imaginar: basta con entrar y quedarse ahí. 

Para adentrar en este espacio, al margen de defendernos frente a una violencia hegemónica, debemos hacer el ejercicio de imaginar nuevos teatros disidentes. Dado que somos nosotros los que estamos escribiendo, performando y perpetuando el guión de la norma, debemos negarnos a repetir nuestro rol,  desviarnos del juego de falsas improvisaciones al que nos vemos sometidos. Preciado nos dice: un silencio, una duda, un titubeo en la actuación basta para repensar el guión, para hacer temblar la norma durante un instante y poder escabullirse de ella. Estar fuera de la norma es crear nuevas categorías más acordes con nuestra realidad. Es tener dálogos en el margen de la historia, en el espacio conjunto y solitario de los disidentes: realizar contrarrituales, performances, celebrar otros nacimientos posibles, inventar un lenguaje, un discurso y unos códigos propios. Es también aceptar e impulsar representaciones nuevas y plurales; cuerpos, expresiones y roles múltiples, fluidos e intercambiables; practicar relaciones más allá de las convenciones. Es, en última instancia, experimentar sin límites con nuestra subjetividad.

Tal vez el feminismo deba aspirar a ser uno de estos espacios, tal vez ya lo sea o, lo que es más probable, tal vez se esté construyendo en este preciso momento. Lo que queda claro es que debe ser un movimiento ante todo interseccional, transversal y disidente, transformador de todos los ejes que componen la norma. Debe partir de la premisa del cambio de subjetividades y brindarnos la posibilidad de emanciparnos cognitivamente, de crear un nuevo marco cognitivo en el cual nuestra existencia, con todo lo que implica, tenga un lugar donde ser. El cruce, en palabras de Preciado, “es una operación de deconstrucción de la subjetividad”. Estamos obligados a atravesar la frontera y cruzar los límites si queremos sobrevivir fuera de todo lo hegemónico. 

El problema no es la diferencia, la diferencia es el punto en común: el sujeto político del feminismo se encuentra en la intersección de todas las disidencias. El supuesto universalismo de la norma es excluyente y su perpetuación no solo irresponsable sino ingenua, pues no nos dice nada acerca de la realidad del mundo y de nuestra existencia. Sin embargo, para poder defender los derechos de todes, el objetivo debería ser, precisamente, responder a dicha realidad. 

La revolución, nos anuncia Preciado, se hace a través de la debilidad: debemos perder la valentía y la fuerza de repetir la norma, renunciar a la determinación de seguir creyendo en ella. Malditos y bendecidos por la diferencia, habitemos pues nuevos espacios, tan solos… como acompañados entre nosotros.

Elisabeth Walhain

Bibliografía:

Preciado, P. B. (2019, 11 de junio): Paul B. Preciado y la sonrisa del cocodrilos: una entrevista desde Urano. Parte 1. Recuperado de https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/paul-b-preciado-y-la-sonrisa-de-los-cocodrilos-una-entrevista-desde-urano-parte-i 

Preciado, P. B. (2019): Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce. Barcelona: Editorial Anagrama.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: