Personas y personajes

El cine desde sus inicios trata temas universales y conflictos inherentes a la raza humana, desde los más trascendentes hasta  aquellos bañados en cotidianidad. Y es ese uno de los factores que le da esa vigencia que resiste a cualquier presagio apocalíptico que cada tanto se escucha: “el cine murió”. Y es que el cine siempre está, aun cuando parece que se fue, interpelándonos, entreteniéndonos,  formulando preguntas en cada uno y cada una, aunque en muchos casos, no tengan respuestas.

Tomaremos como punto de partida esos temas y conflictos, a través de la mirada cinematográfica de sus autores y autoras en diferentes películas a lo largo de  los años (y alguna que otra serie, ¿por qué no?). Y, si sirve para despertar el interés en dichas obras, mejor todavía. Después de todo, siempre es lindo saber que cuando la pantalla se pone en negro, alguien tiene una historia que contar.

Nos une la derrota

Borges escribió en un poema: “Y la ciudad, ahora, es como un plano de mis humillaciones y fracasos”. ¿Cuántas veces te sentiste consumido por ese sentimiento de haber fracasado en el intento? Cualquier persona podría contar más de una historia sobre eso a lo largo de su vida. Por eso cuando vemos o escuchamos las de los demás es difícil no empatizar o imaginarse a sí mismo envuelto en ese momento de frustración; de la impotencia que te paraliza o te hace actuar de la manera más equivocada; del temor a verte en el fondo, tirado sobre los restos de tus deseos.

Lo que convierte a cada historia en única es cómo se cuenta y qué viene después. Y es allí donde aparece la mirada del artista.

Un hombre y su guitarra al costado del camino

En la película Inside Llewyn Davis (Ethan y Joel Coen, 2013), tenemos a Llewyn, un cantante folk que intenta hacerse paso en la escena de los 60´s, en Nueva York. Tiene un disco que parece no interesarle a nadie, su ex compañero musical se suicidó y pasa las noches de invierno en los sillones de sus amigos. Su meta será ir a Chicago a audicionar para un poderoso productor musical. 

Nos encontramos ante un relato cargado de amargura. La primera canción que el protagonista interpreta se titula “Hang me” (cuélguenme), toda una declaración de intenciones. De hecho, toda la fotografía del film (inspirada en la tapa del disco “The Freewheelin” de Bob Dylan), colores apagados, el gris como común denominador, supura desánimo. Hay pequeños escapes, como flashes, que nacen del absurdo y de la aparición de personajes entre trágicos y desagradables, marca registrada del cine de los Coen. Pero no dejan de ser eso: flashes, chispazos. Mención importante para su protagonista, Oscar Isaac, que nada entre lo patético y lo entrañable. Un perdedor hecho y derecho moldeado por los golpes recibidos durante el trayecto. 

Una mujer llorando en el espejo

En cambio, en la película Yo, Tonya (Craig Gillespie, 2018), cambiamos de registro, virando hacia el humor negro. Inspirada en una historia real ocurrida en los noventa cuando la patinadora estadounidense Tonya Harding, una mujer criada por una madre violenta y abusiva, se vio envuelta en un escándalo mediático acusada de planear una agresión a la también patinadora Nancy Kerrigan. 

Si en el film de los Coen veíamos opacidad en cada plano, acá, a través del falso documental, falsas entrevistas incluidas, la elección de la música (éxitos rock y pop en su mayoría de los 70’s y 80’s), un uso de la cámara con movimientos más ágiles, personajes que hablan directamente a la audiencia y un montaje más ligero se refuerza el acercamiento irónico y cínico.

Tonya, impresionante Margot Robbie, no deja de ser una anti sistema: de clase social trabajadora, con una apariencia que iba en contra de los cánones de belleza y un carácter irreverente y contestatario que contribuyó de alguna manera a ponerla en el lugar de la villana por los medios masivos de comunicación. Una mujer que supo tocar el cielo, pero también perderse en las profundidades.

Y es que, seas un hombre tendido bajo la nieve sin un lugar en el que refugiarse, o una mujer escupiendo sangre antes de resurgir, la derrota siempre puede aparecer. La pregunta es: ¿qué estás dispuesto a hacer para poder dar el siguiente paso?

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