LAGO

Los relatos sobre sueños representan el uso de un recurso sorpresivo, independiente a la imaginación o inteligencia de la persona que los escribe. Retomar algo que pasó en el plano inconsciente contra la propia voluntad y convertirlo en una historia, es una avivada literaria que no puede fallar, un atajo para el desarrollo de ideas. O un robo sin víctimas, si se quiere. ¿Qué soñará la gente que escribe teorías científicas? ¿usará esa herramienta también? En ese caso imagino que deberían tener algún sueño epifánico que destrabe el entendimiento, similar a una especie de viaje lisérgico que acerque las palabras y las cosas que permanecen veladas en la mente. No sé. Las posibilidades de acción en lo onírico son infinitas y la liberación es total. En definitiva, el sueño concreta cualquier deseo y hace palpable cualquier miedo, como películas intensas y raras que ni I-Sat pasaría de madrugada. 

En el mío veía a lo lejos un lago. Lo podía observar desde mi casa pero nunca me había percatado que estuviera ahí. Me lo señalabas vos. ¿Cómo no había podido verlo en todo este tiempo? Iba caminando en slow motion y a medida que me acercaba, más gigante se transformaba, los edificios iban desapareciendo y se volvía todo verde. De repente estaba en un bosque lleno de árboles. Lo que más bronca me daba era que tenías que venir vos para que lo encontrara. Y no, no me digas que quizás se refiere al dicho “que el árbol no te tape el bosque” ni nada de eso, porque quiero creer que mi inconsciente puede mostrarme algo más interesante que una frase estampada en una taza sucia abandonada en alguna oficina del Microcentro. Me despierto y te lo cuento. Sueño con vos sólo cuando estás en mi casa. En esa dimensión paralela íbamos caminando por la calle, después por el bosque y te veía manchitas en la cara, de esas que sólo aparecen a la luz del sol pero que en la vida real desconozco. 

Te encierro y reduzco al mínimo la contingencia, manejando todo lo que pasa entre estas cuatro paredes. Mi mejor aspecto, mi modo más amable. Pensas que te escondo pero en realidad te resguardo en el lugar de mayor intimidad y de más exposición, acá adentro, en el encierro. Un poco me escondo yo y no te digo que siempre me quedo con ganas de que te quedes a desayunar. ¿Será que una tostada oculta una declaración de amor o algo así? Qué ridiculez. Por las dudas siempre tengo pan en la alacena. Manejar la contingencia, claro. Cuando llegábamos al lago peleábamos por quién lo vio primero. Sabía que no había sido yo pero no lo iba a admitir. Mientras te lo cuento, me río pensando que en verdad me gusta discutir con vos porque tus argumentos nunca tienen sentido. Pones cara de suspicaz cuando intentas convencerme de alguna verdad que descubriste en Youtube y, en el fondo, la creo. Pero prefiero seguir enfrentándote y ver cómo se te van poniendo los ojos chinos intentando mirarme con desdén. No te soporto. Quedate y vayamos al lago. Al final del sueño nadabas ahí y te ahogabas, pero esa parte la omito porque las pesadillas no se cuentan en ayunas. 

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