Hormigas

Por Fernando Anton


La primera vez que dormimos juntos fue en mi casa, casi un mes después de habernos conocido. Al otro día yo viajaba a Uruguay. Habíamos escuchado a Tom Petty después de cenar y ella por primera vez se rió estruendosamente. Ahí supe que estaba enamorada. También supe que iba a durar poco. Me dijo que quería escribir, que podíamos hacer un libro contando nuestra historia si es que terminaba bien. De ese comienzo quedó el recuerdo del viaje a Uruguay, la soledad de un hostel habitado por docentes que viajaban juntas, madres mayores con hijas adolescentes y una sensación rara. Algo parecido a estar solo, extrañándola y preguntándome por qué nunca pudimos comprometernos en algo más que vernos de vez en cuando. Vamos viendo, decía. Asociar ciclos de la vida a viajes es mi fiesta nacional.

Las hormigas se mueven debajo del pasto, ocultas al sol de las dos de la tarde. Puedo verlas ir y volver cargadas con pedazos de hojas, pequeños trozos de ramas y más fragmentos que no puedo identificar.  Hay algo hueco en las cosas que funcionan pero no prosperan. Es una sensación de vacío en un espacio bien determinado. No es el vacío en el infinito, sino uno bien delimitado. Pienso en un hormiguero sin hormigas. También en una ciudad sin gente.

Me acuerdo de Pripyat, la ciudad más cercana a Chernobyl, donde se ven las casas perfectamente conservadas. La ciudad habitable pero sin gente, no es una ciudad muerta, es una ciudad sin vida. Luego del accidente muy pocas especies quedaron a salvo de la exposición a la radiación.

Hormigas, dicen, y  cucarachas serán las ganadoras en la extinción masiva del invierno nuclear. Me parece bien que haya especies que nos sobrevivan. El fin tragicómico de esta sociedad es que podamos hacer contacto con extraterrestres y que cuando lleguen lo mas inteligente con lo que puedan interactuar sean hormigas. Imagino que se abre la puerta de la nave y un ET un poco más real que el de la película de Spielberg baja y contempla la desolación. Después, miles de puntos brillantes salen de su refugio en la tierra y transportan hojas y maderas secas para darle color al primer contacto.

Una hormiga colorada sube por mi brazo y se para sobre un lunar. Hace algo con sus pinzas, mueve las antenas y continua subiendo hacia el hombro. Tampoco sabe bien adonde va. 

Un comentario en “

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: