Elucubraciones sobre lo no dicho

~Por Noemí Iglesias

Algunas diferencias parecen brotar como esas manchas de humedad que une nota de repente pero llevan mucho tiempo ahí. Siempre estuvieron. Sin embargo algunes un día empiezan a notarlas y, tiempo después, sólo pueden ver esas manchas.

Frente a tanta incertidumbre desde la aparición del COVID nos preguntamos si hay algo que podemos rescatar del encierro. Creemos que el confinamiento nos ofició de lupa para delatar algunas diferencias notables en el comportamiento de varones y mujeres frente a una misma situación coercitiva.

¿Podrían ser estas líneas la punta de un iceberg que nos sirva como disparador para pensar fenómenos tan disímiles como las separaciones de parejas heteronormadas o la violencia de género?

A partir del aislamiento quedó más en evidencia para algunes la importancia de la comunicación. Según los gráficos de Statista, un reconocido portal de estadística alemán, Zoom ha registrado nada menos que 1,4 millones de descargas en Google Play Store en Brasil desde el 25 de marzo al 1 de abril de 2020, lo que la convierte en la app más descargada en el país carioca. En el mismo período, Zoom también fue la aplicación más descargada por les usuaries chilenes, argentines y colombianes.

Sin embargo, parece ser que durante la pandemia no todes tenemos la misma necesidad de comunicarnos. A riesgo de caer en generalizaciones que aportan al binarismo mujer/varón, tan criticado y con justas razones, no queremos  pasar por alto un fenómeno que  se hace más evidente en los tiempos que corren por el encierro y el confinamiento al que están sometidas muchas parejas heterosexuales.

Un dato de la clínica, como nos gusta decir a les psicoanalistas, arroja que muchas pacientes mujeres se sorprenden por lo poco que parece afectarles a sus parejas la falta de comunicación social en estos momentos.

¡Ellos no hacen zoom! No al menos con el sentido que el modismo de la frase indica. Está claro que hacer zoom excluye los encuentros por esta misma plataforma para cuestiones formales como podrían ser una clase virtual o una reunión laboral. Deja por fuera,  a su vez, todo encuentro virtual que no sea con el único propósito de conversar entre amigues.

Hacer zoom surge como instancia instituyente producto de la imposibilidad del encuentro cara a cara.  No obstante, parece que muchos hombres Cis no hacen uso de esta posibilidad.

Si en los principales canales de noticias pululan periodistas y opinólogos que se enfrentan en cruentos debates contra epidemiólogos y profesionales de la salud que defienden al aislamiento por su efectividad comprobada, por qué motivo nosotres no podemos animarnos a pensar en voz alta algunas conjeturas que expliquen las razones por las que los varones no se conectan a aplicaciones de teleconferencia como sus compañeras.

El varón hetero-cis, si se juntase por medio de canales virtuales como pueden ser Zoom, videollamada o Skype sin una actividad principal fijada de antemano, se la vería con el terrible dilema de tener que darle prioridad a la palabra sin poder excusarse en otras actividades. En la “normalidad” los hombres se juntaban para jugar al fútbol, a la play, para tomar cerveza, hacer un asado. El mito dice que cuando hablan tienen dos temas centrales: fútbol y minas. Si esto fuese cierto entonces no tendrían muchos espacios para hablar de lo que les pasa,  porque convengamos que hablar de minas o de fútbol difícilmente abarque el universo de problemáticas y dificultades por las que atravesamos las mujeres y los hombres contemporánexs.

En contraposición, es sabido que los encuentros virtuales entre amigas es moneda corriente en este contexto. Llamadas por whatsapp, zooms, interminables audios en donde en cada minuto intentamos darle algún sentido a lo disruptivo que significa el Covid, las cifras de muertos, el confinamiento de millones de habitantes en espacios que oscilan en las grandes urbes entre 40 y 60 mts cuadrado en promedio.. Vidas enteras que se confunden entre homeoffice, clases de streching por Instagram, cursos de un sinfín de cosas a distancia y, por qué no, distancia (social) que se torna por momentos insoportable.  ¡Y ellos no hacen zoom! Aprovechan para no-hablar de los que les pasa.

No hay que ser Lacanniano para saber que la posibilidad de transmitir lo que pensamos y sentimos es una de las cosas que nos diferencia radicalmente de otros seres animados pero además la comunicación hace de vehículo a la tramitación de diversos eventos traumáticos entre los que se encuentran -sólo por nombrar arbitrariamente algunos- la sexualidad, la enfermedad y,  por qué no, la conciencia del ser para la muerte, como diría nuestro amigo Heiddeger, o para decirlo más en criollo: ser consciente que la parca es el único destino posible para todes.

La videollamada por whatsapp, el zoom o cualquier dispositivo que sirva para la comunicación fue la herramienta que encontraron las mujeres de clase media para comunicarse y mantener el lazo social. Los varones en cambio no parecen preocuparse en demasía por mantener estos espacios de diálogo y en caso de conectarse muchas veces lo hacen para jugar juegos en red. Es una forma de mantener el lazo, pero no requiere de la palabra. Nos preguntamos entonces: ¿Qué hacen los hombres con el malestar del encierro? ¿Cómo tramitaban antes sus malestares? De no hacerlo ¿cómo repercute esto en sus parejas?

Lo que nos pasa se expresa de diferentes modos. En los adultos, si no es a través de la palabra o la enfermedad, puede ser a través de la violencia como modo de abordar nuestra impotencia frente a aquello que no comprendemos o no podemos controlar.

Durante la pandemia aumentaron los casos de violencia de género y estamos forzades a repensar cada una de las manchas de humedad que sirvan de indicio para descubrir qué ha hecho el patriarcado con  nosotres.

Si bien el hecho de que muchos hombres no hagan zoom es un dato que proviene de la clínica y se ha puesto en duda, a partir de numerosas investigaciones, el mito de que los varones hablan menos que las mujeres, pensamos que es necesario comenzar cuanto antes a analizar ciertas masculinidades porque es el único modo de poder deconstruirlas. 


iglesiasnoemi1@gmail.com

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