Hace unos días me propusieron compartir algunas cosas que escribo y lo primero que sentí es que no estoy a la altura. ¿Quién va a querer leer algo mío? Quién va a querer escuchar mi opinión?

Cuando registré que estaba pensando eso me puse muy triste porque me di cuenta que eso es lo primero que siento acerca de casi todo: que no es suficiente, que siempre hay mejores, que mejor no exponerme a un fracaso. Y ¿por qué no? Porque tengo la autoestima tan dañada que prefiero no intentarlo, porque siempre hice el esfuerzo por estar a la altura de exigencias a las cuales nunca iba a llegar y que, básicamente, no eran mías. De dónde salieron? Es lo que esperaba la familia, la sociedad, nuestra cultura? Desde que somos chiques nos dicen cómo debemos ser y qué debemos hacer de grandes: aceptar a la familia que te tocó (eso no se elige), a los 18 tenés que ser capaz de decidir qué querés ser PARA SIEMPRE, recibirte, tener una casa, casarte, tener hijes y además, debes tener un gran trabajo que te haga sentir orgullose. Y así mil cosas que yo no estoy segura si podía o quería para mí. Pienso: será que es lo que debía ser por ser mujer? Porque también desde chica veo imágenes de las mujeres que triunfan, que son mujeres “LINDAS”, que son mujeres flacas, blancas, que no son más altas que el hombre, que pueden con la casa sin ayuda, que no se quejan y esas mujeres son las que siempre tienen a alguien al lado que las “rescata” de los problemas de la vida, porque solas no pueden. Y con estas ideas tampoco pude, esto tampoco lo pude llevar adelante.

Una fracasada absoluta.

Entonces, siendo un fracaso, a quién le va a importar mi opinión?

Por esto, en otro momento, hubiera dicho “no, gracias”, me hubiera sentido una imbécil por no intentarlo y, además, por pensar todo esto.

Pero hoy no. Hoy dejé de pelear conmigo. Hoy entiendo que no soy un fracaso, que esa no es mi realidad aunque la haya creido siempre.  Hoy entiendo que eso no es mi culpa. Hoy entiendo que todes nosotres estamos haciendo un trabajo arduo para romper con las ideas que tenemos inculcadas desde siempre.

Y mi opinión vale. No mas que otras, no, pero tampoco menos.

Tengo ganas de compartir mi proceso y mis ideas, de seguir proponiéndonos pensar sobre todo lo que tenemos aprendido, entendido, aceptado o que no cuestionamos, simplemente, porque no hubo lugar a hacerlo.

Empiezo a mostrarme con esta reflexión y capaz a alguien ayude, al menos, a cuestionarse: será que yo también valgo?

Valemos.


~Por Tami Medina

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