-Todos deberíamos ser feministas-
Ngozi Adichie

Por Jimena Saavedra

Hoy me gustaría pedir que empecemos a soñar con un plan para un mundo distinto. Un mundo más justo. Un mundo de hombres y mujeres más felices y más honestos consigo mismos. Y esta es la forma de empezar: tenemos que criar a nuestras hijas de otra manera. Y también a nuestros hijos.

La cita corresponde a Todos deberíamos ser feministas, adaptación de la charla TED que la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie dio en el año 2013. Resume en muy pocas páginas todo lo que cualquier persona necesita saber sobre el feminismo. Una vez que se lee todo se hace más fácil. Ya no hay que elegir de qué lado estar o si apoyar o no las causas feministas. La pregunta que muchxs se hacen suele ser ¿tendría que ser feminista? Pero yo creo que la pregunta tiene que ser reemplazada: ¿Por qué no tendría que ser feminista? Desde las ciencias sociales, las diferencias de género se explican por las influencias de la sociedad en la construcción de las identidades. Lo que el feminismo viene a poner de relieve es cómo esas identidades afectan nuestras experiencias de vida y por qué deberían ser re-evaluadas.

Es innegable, dice la autora, que hombres y mujeres son biológicamente distintxs, pero la socialización exagera las diferencias. En este sentido, la sociología plantea que “Es evidente que la socialización en el género es muy profunda y que cuestionarla puede resultar perturbador. Una vez que “se asigna” un género, la sociedad espera que los individuos se comporten como “mujeres” o como “hombres”. Estas expectativas se consuman y reproducen en las prácticas de la vida cotidiana” (Lorber, 1994; Bourdieu, 1990). Eso que se “espera” de nosotrxs, lo que el sistema patriarcal dominante espera, es lo que nos perjudica. Chimamanda hace un recorrido por experiencias personales para mostrarnos cómo la experiencia de unx puede ser la de todxs. De este modo podemos reconocer y reconocer-nos en esa identificación. Porque si hay algo en lo que se hace énfasis a lo largo de su discurso, es que todxs fuimos y somos víctimas del sistema patriarcal.

El hecho de que los hombres sean quienes gobiernan el mundo podía tener sentido miles de años atrás. Chimamanda explica esta idea pensando en la época en que la supervivencia dependía de la fuerza física y, los hombres, por lo general, son más fuertes físicamente (algo que está en discusión). Pero en la actualidad la supervivencia no depende de ello, hemos evolucionado, dice la autora, aunque las ideas sobre el género no han evolucionado mucho. El origen de estas diferencias se puede encontrar en la forma en que criamos a nuestros hijos. Se reprime, en general, la humanidad de los niños. Se le enseña a los varones a tener miedo al miedo, a la debilidad y a la vulnerabilidad. Se les enseña que tienen que ser “hombres duros”. En cambio, a las niñas se les enseña a preocuparse por lo que piensen de ellas los chicos, no pueden ser duras, todo el tiempo se les dice qué tienen que hacer y cómo tienen que hacer para atraer a los hombres. Una de las situaciones comunes que seguramente todxs hayamos pasado alguna vez tiene que ver con lo siguiente: desde que son adolescentes los chicos saben que tienen que pagar por una salida con una chica, lo que los pone en la obligación de contar con dinero para hacerlo. ¿Y si a los chicos y a las chicas no les enseñáramos a vincular masculinidad y dinero?, se pregunta la autora. ¿Y si la actitud no fuera “debe pagar el chico” sino “que pague quien más tenga”?

La siguiente frase ilustra el problema fundamental: “El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente. Imagínense lo felices que seríamos, lo libres que seríamos siendo quienes somos en realidad, sin sufrir la carga de las expectativas de género” 

Entonces podríamos preguntarnos, ¿de dónde viene ese problema? ¿cómo se superan esas diferencias construidas socialmente que nos hacen ser víctimas de las desiguales relaciones de género? La respuesta está en la sociedad misma, en la cultura que todos producimos y reproducimos a diario, en todos los ámbitos de la vida.

Si el feminismo vino a mostrarnos cómo podríamos ser una sociedad más justa, entonces no hay razón por la cual todxs no deberíamos ser feministas.

“La cultura no hace a la gente. La gente hace la cultura. Si es verdad que no forma parte de nuestra cultura el hecho de que las mujeres sean seres humanos de pleno derecho, entonces podemos y debemos cambiar nuestra cultura”. 

Así cierra el texto de Chimamanda y, creo yo, aunque suene un poco idealista vale la pena intentarlo.

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