Trap Argentino. De cadenas y face tattoos

Caras tatuadas, cadenas y las canciones que más suenan.. pero hay mucho más y desde KHE nos preguntamos ¿Cuáles son las representaciones acerca del éxito, las mujeres y las drogas que encontramos en les artistas trap argentines del momento? 

Nos encontramos con herederes del hip hop, del reggaeton y de la mixtura de géneros, y a la vez con nuevos referentes de la cultura autogestiva en una búsqueda de identidad marcada por la dinámica de las redes sociales. 

Qué escuchamos cuando escuchamos trap? La primera imagen nos trae en loop money, bitches y weed, pero debajo de la punta del iceberg este grupo heterogéneo de pibes y pibas toman el escenario musical y nos hablan de sus trayectorias de vida, marcadas por el trabajo, la disciplina y el recorrido llevado adelante en una economía en crisis.
¿Cuáles son las representaciones acerca del éxito, las mujeres y las drogas que encontramos en les artistas trap argentines del momento? 

“Me puse la’ Gucci con un short de Nike, 

Buzo y cadena, estoy que goteo” – Duki

En las letras del trap aparecen reminiscencias del discurso aspiracional rapero que apuntaba a una vida de riqueza y lujos exorbitantes. Puede parecer, a priori, que intentar concretar esos deseos sea una conquista más del neoliberalismo en la colonización de los sueños juveniles, pero la quimera de la fama, de los autos de alta gama, las joyas y el sexo express les queda chica. En el uso de la palabra marcan una distancia con las narrativas de generaciones anteriores, entendiendo al éxito y al dinero como resultado de recorrer un camino independiente, copando el mainstream desde un do it yourself renovado, con aspiraciones capitalistas pero jugando sus propias reglas en el mercado. En esta reivindicación de lo marginal no pretenden ser contestatarios respecto al sistema poniendo la crítica sobre la forma de organización política y social, sino mostrar que viniendo de abajo pudieron sortear los obstáculos manteniendo sus objetivos claros. Las caras tatuadas les aleja del mercado de trabajo formal y al mismo tiempo los afianza más con el compromiso de dejar todo en este presente que protagonizan. 

Bueno, hasta acá parece muy meritocrático todo, pero detrás de este egotrip de individualismo marcado por el consumo de marcas y vida sin preocupaciones, se entretejen ideas acerca de lo colectivo y tienen lugar nuevas formas de identificación.  La masificación del trap habilitó que exista todo un mercado nuevo para el público que lo consume, rompiendo la endogamia trapera y la dinámica del ghetto pero sin abandonar el tono incendiario de las canciones y la irreverencia lingüística. Los discursos de las juventudes interpeladas por el trap escapan a las categorías y lineamientos políticos tradicionales y, si bien pueden decantar en lo partidario, tienen su andamiaje ideológico basado en lo experiencial de la calle, de la noche y de ranchar en la vereda con un viajerito de fernet y un porro. Ahí también hay resignificación de prácticas y de sentidos.  La fórmula del éxito no opera igual para todes y quizás la particularidad del trap argentino es que no le pasa por el costado la crisis de representación política ni la coyuntura económica que puede favorecer sólo a algunes para tener Ice en el cuello. Un ejemplo lo encontramos en Wos, que no escatima en críticas a la clase política y toma partido apareciendo públicamente con Ofelia Fernández, quizás uno de los personajes más representativos en lo que refiere a luchas/conquistas juveniles. “Y no hables de meritocracia, me da gracia, no me jodas, que sin oportunidades esa mierda no funciona” recita Wos. El éxito es individual pero también es colectivo y se lo espera para les amigues.

“Puta pero no tarada” – Cazzu

En las canciones de traperos varones aparece la cosificación de la mujer, se trata de una manifestación más del machismo que atraviesa a todas las formas que adopta lo cultural en el patriarcado. Sin embargo, las mujeres del trap dan un paso adelante en la equidad de género anteponiendo su propio placer y sí, también su afán de éxito y dinero, por sobre las ideas románticas que se arenga desde el pop y otros géneros musicales de artistas coetáneas. En esta odisea gangsta-feminista se muestran sororas y pisan el escenario con la misma fuerza que sus colegas varones. Rapea Cazzu “Esquivando lo que me tiran, I keep it real con las pibas. Acá nadie tiene corona, gatitas convertidas en lobas”

No vamos a encontrarnos con chicas sumisas que se refieren a sí mismas como objeto de deseo masculino, por el contrario, en sus canciones hace mella la idea de una mujer que elige con quien estar y que no da explicaciones. Como contrapartida de ese imaginario trapero que posiciona al varón como poseedor de un harem de mujeres a su disposición, ellas también tienen su propio staff de hombres y se desligan del ideal de la novia perfecta. 

A esta altura, cae de maduro señalar la influencia del feminismo en la forma en que las chicas se plantan como sujetas deseantes. 

Weed

Otro aspecto que aparece en el trap es una naturalización y relajamiento en lo que refiere al consumo de sustancias psicoactivas como parte del ritual nocturno. Hay una prevalencia en el consumo marihuana, seguido por MD, alcohol, ansiolíticos y demás. “Tengo 30 pa’ fumary un litro pa’ mezclar” dice Khea en Tengo 30. El consumo recreativo también da cuenta de una resignificación del uso de drogas: lejos de la imagen de jóvenes con consumos problemáticos o motivados por “vacíos/crisis existenciales”  y más cerca de una figura de sujetos autónomos que deciden, prueban y sacan de ahí una experiencia positiva entre pares. Cuando los discursos hegemónicos de mayor circulación que penalizan y etiquetan negativamente a les consumidores sostienen que hablar de drogas en una canción es incitar al consumo, no sólo caen en un argumento falaz sino que además no se piensa en la función que tienen las drogas en los dinámicas de interacción entre jóvenes. Compartir un porro puede ser una forma de apropiación de espacios, de autoafirmación de la identidad individual y/o grupal y de construcción de comunidades emocionales.


Señalar al trap sólo como una moda es negar su historicidad y a les que se embarcan en él. Escapa a esta reflexión hacer una historización del género y de sus principales exponentes, pero sí invita a pensar que aquello que puede parecer pasajero deja marcas en les agentes sociales y que la adscripción a esta corriente se reafirma y negocia día a día en la interacción social entre jóvenes. Hoy es el trap, mañana la identificación puede estar en otro lado y eso también está bien. En la modernidad no hay lugar ni tiempo para lo estático, para lo perpetuo y todo cambia antes que se transforme en hábito y rutina, señala Bauman. El trap lo entiende y fluye en la liquidez de las redes y plataformas digitales. Suben canciones, no graban discos eternos, sujetos siempre al Aquí y Ahora que los tiempos actuales demandan. En este sentido, la eternidad cabe en el presente si se vive rápido la vida terrenal.

Escribe Lucía Gamper

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